Vivimos cada vez con mayor intensidad una vida desmaterializada, más móvil, más volátil, más impredecible. Quizás el libro es el último objeto material, la única posesión física que realmente nos ancla a un espacio físico personal. Todos experimentamos la angustia de esa carga cada vez mayor de libros que atesoramos, pero que al tiempo se convierten en una rémora cuando debemos iniciar nuevos proyectos o aventuras. El libro es quizás el objeto mejor diseñado para la interacción con el hombre; lo ha sido durante mucho tiempo y posiblemente lo seguirá siendo por mucho tiempo. Pero además el libro ha adquirido para nosotros un carácter simbólico, casi religioso, y ese es el que experimentamos ahora como problema. Quizás el punto de no retorno se sitúa cuando alguien decide abandonar ese tesoro para poder vivir por completo la vida desmaterializada.

Juan Freire