Al Gore es otro de esos aguafiestas que intenta por todos los medios que nos perdamos el fin del mundo. Mucho antes de ser vicepresidente con Clinton ya se dedicaba a convencer a la gente de que el cambio climático es reversible si juntos nos lo proponemos.
En España se publicó, en el lejano año de 1993, su libro La Tierra en Juego, un alegato ecologista que deberia haber despertado las conciencias de los ciudadanos españoles. Sin embargo, al estar la edición patrocinada por Endesa no se puso a la venta en librerias, sino que se regaló a saber quién. Quizás a los accionistas, seriamente preocupados por el tema.
Total, que ahora vuelve con una película-documental An Inconvenient Truth. Y las reacciones de los empresarios norteamericanos no se han hecho esperar: anuncios en televisión denigrando a Gore pagados por ellos. George Bush, por su lado, ha declarado que no la piensa ir a ver.
Por supuesto que los brillante blogs liberales patrios pondrán a Gore en su sitio. No me cabe la menor duda. Los profesionales ya están en ello.
Así que no hay que preocuparse por nada, amigos aficionados a la destrucción. Si los científicos no se equivocan, no nos perderemos el mayor espectáculo del mundo.

Ya estamos presenciando a las actuaciones de los teloneros: Katrina, Tsunami, las lluvias torrenciales que sumergen bajo el agua a centenares de pueblos... Todo se está preparando para el gran concierto final, el concierto que nos dejará a todos de piedra. Creo que Bush y sus amigos (a Aznar le dieron la entrada el día de las Azores) lo verán desde el espacio, para no perder detalle de las diferentes actuaciones que habrá ese día por todo el planeta. Los demás, como ciudadanos normales y corrientes que somos, lo veremos in situ: lo pasaremos de muerte. Mejor vamos dando las gracias a los responsables y patrocinadores del evento antes de que se produzca: ese día seguramente no podremos hacerlo. Un saludo.
Si hubiera ganado Gore los americanos no contaminarían menos, mad max se acerca, pablito
Pablito, ese párrafo lo explica todo:
"Al Gore, que en la película habla con veneración de su profesor de Harvard Roger Revelle –quien aparentemente abrió sus ojos a los peligros del cambio del clima–, oculta, sin embargo, que el último artículo que éste publicó, en 1991, concluía que no existe base científica sólida para sostener el efecto invernadero. Gore y sus asociados extendieron posteriormente el rumor de que las opiniones de Revelle eran producto de la senilidad y el asunto terminó en los tribunales."
Dudo que los políticos demócratas sean mejores que los republicanos.
Ya te digo Hanselm. Igual nos están tomando el pelo con esto del fin del mundo y al final nada de nada. Qué rabia, ya no te pudes fiar de nadie. Sin embargo, yo sigo confiando en los científicos, de momento.