Cuando Stephen King escribió esta novela Ibiza estaba llena de hippies fumando porros y tocando los bongos en la playa. Unas cuantas décadas después otros Barton Daves con nombres algo más rústicos se encontraron en la misma situación: expropiación, por parte de las autoridades y para construir una carretera innecesaria, de la casa donde un dia formaron un hogar.

El héroe de la novela de Stephen King empieza prendiendo fuego a los bulldozers y acaba atrincherándose en su casa armado de una escopeta, una magnum 44 y un buen puñado de explosivos. Pero claro, él había perdido un hijo y estaba un poco mal de la chaveta. Todos los que defienden sus casas se van un poco de la olla, lo dicen los políticos, que saben mucho de eso.

Así que los descerebrados antiautovia forman una plataforma y dan rienda suelta a su rabia propia de "violentos y radicales", de esos que aman su tierra y sus casas. ¡Y encima insisten en hablar el extraño idioma de su isla! Sin duda están locos.

Menos mal que políticos como Abel Matutes y Stella Matutes, que después de crear imperios empresariales se dieron cuenta que lo suyo no era el enriquecimieno personal sino la defensa del bien común, es decir, la política, menos mal, decia, que están ellos para llamar a la guardia civil y detener unas cuantas docenas de habitantes que han perdido el juicio, quién sabe porqué.